miércoles, 28 de enero de 2009

Guía para no desesperar al esperar

Nadie se libra del tiempo. Aunque pares el reloj de tu casa, o adelantes los de todo el mundo, y pongas una media sombra que cubra el sol creando la noche. A pesar de que tapes las arrugas que se van formando en tu piel, los dolores cada vez más grandes. Que borres la memoria de cuantos puedas borrarla, y transformes al pasado en un simple suceso del que no sabemos nada más que pronto va a llegar. Aunque suministres en la comida de los más chicos, dosis de hormas que contengan el crecimiento y llenes de cubitos de hielo el mar, para que las criaturas que ahí habitan no puedan evolucionar. O elimines de la computadora de los científicos los datos que lo llevarían a los próximos descubrimientos que harían más moderno el mundo.
Aunque prohíbas la acción de cualquier tipo de mujer que intente adivinar el futuro, porque sin tiempo el futuro no existe. O te subas en un helicóptero, tirando desde las alturas, algún químico que impidiera el nacimiento de una nueva flor.
A pesar de lo mucho que te esfuerces, no vas a lograrlo. Porque el tiempo no se mide en hechos concretos de evolución.
Mí tiempo lo cuento en horas, cuando él tarda en llegar, pero en minutos cuando está conmigo.
Lo cuento en meses si llora, pero en años si sufre. En instantes.
Los instantes en que lo tengo. Después de él, no hay más tiempo.
Solamente me queda, no desesperar, porque a pesar de lo que haga, el tiempo sigue su rumbo.
No sé si hay alguna instrucción, lo cierto es que yo no sé como, pero logro no enloquecer mientras espero

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