sábado, 17 de enero de 2009

Nosotros


No debería estar acá, y eso lo hace aún más hermoso. Aunque no hay nada más lindo que él. Y mejor todavía: no hay nada más lindo que él dormido.
La boca que bese durante toda la noche, es la perfecta continuación de sus ojos dormidos. Esos, que parecieran que están soñando. Ojala que sea el mismo sueño que el mío: la realidad.
Y aunque allá fuera, el mundo sigue girando. Aunque las estrellas, que hasta ayer, era lo único que tenía, sigan brillando de celos. Aunque vuelva a salir el sol, que nació conmigo en cada madrugada, perpetuando cada noche. Aunque todo siga igual, ahora ya todo es diferente.
Porque ahora no necesito nada, todo lo que antes era mío sin ni siquiera poder tenerlo entre mis brazos, hoy se compensa en él. Si pidiera que se quedara, sería mucho, porque ya me lo dio todo.
Parecería que todo estuviera preparado, hasta la luna que da contra la ventana, iluminando todo lo que se encuentra a su paso.
Y yo que pensaba que el amor no se podía mezclar con el sexo. Porque nunca me había pasado, o porque pensé que nunca me pasaría.
Pero anoche fue mucho más. Anoche fuimos él y yo. O mejor, anoche fuimos nosotros.

Desearía que no vengas día, que no termines con el momento. Desearía poder parar, volver otra vez a llenarme de estrellas.

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