De vez en cuando, soy también lo que sueño ser, aunque la vida está TAAN derrotada que no da tregua a los sueños. Ahí soy la que puedo ser, la que me permite el mundo, lo que concibo de él.
Soy también lo que como y lo que respiro… lo que consumo. Lo que se me es dado soy. Lo que lloro, lo que rio, lo que esquivo de tanto en tanto, cuando no quiero ser nada.
Todo el tiempo soy lo que soy, pero también lo que quieren que sea.
Lo que escribo, lo que leo. Soy yo sin títulos, porque eso es para los Duques & Duquesas. Para Reyes & Princesas. Y eso sí que no soy.
Sí es cierto que alguna vez fui otra persona. Seguramente no volveré a ser la misma. Y sin embargo, siempre fui lo que pienso. Y a pesar de eso, muy pocas veces fui lo que busco. Definitivamente no puedo escapar de ser lo que tengo.
Para todo el mundo soy lo que aparento. Al principio debía ser lo que convencía que era, y ahora tan sólo soy lo que asumen que soy. A menudo soy lo que finjo.
En todo momento soy lo que amo, porque si no tuviera la huella que dejó en mí el ser de otros, estoy casi segura que no sería nada.
Soy lo que me crearon, lo que formaron, lo que resultó de otras dos personas que fueron. Que son lo más importante de mí.
Soy lo que ocasionalmente me avergüenza. Y lo que me enorgullece de la misma manera.
Lo que necesito, aunque todavía no sé que. También soy lo que me nutre, lo que me
En fiestas, soy lo que brindo. Con otros, lo que proyecto. Conmigo, soy sólo yo.
Soy lo que vomito cuando mi cuerpo no soporta más culpas. Y entonces, pero recién ahí, soy lo que tiemblo. Sin embargo, casi siempre soy lo que murmuro por no saber qué decir.
Por momentos soy lo que titubeo cuando hay muchos caminos. Pero después soy lo que recorro, la ruta que construyo en cada Principio. Soy lo que DESando cuando me equivoco, porque soy lo que me equivoco.
Soy lo que critico, aunque después reconozco la simpleza de las cosas. Y RETROCEDO. Porque las cosas que parecen no tener rumbo, se encaminarán en un período más corto que si me quedo reprochando.
Sí fui lo que no admito, queda en claro que soy otra parte más que no conozco.
Muy a mi pesar, soy lo que mendigo a algunas manos que están vacías para mí. Soy lo que recibo de aquellas que diez dedos son pocos para cargar TANTO amor. Muy pocas veces soy lo que devuelvo. No cuento con tanto vuelto en mi bolsillo.
Cada tarde soy lo que fumo: el aire viciado de una ciudad con gente chiquitita (alguna demasiado inmensa)
Lo que congelo en mi memoria, lo que
Quizás para algunos fui lo que contaminé. Tal vez, para otros, lo que Reviví. Para mí, todos fueron lo que hoy agradezco. Aunque debo reconocer que sí hoy soy esto, no es solamente por los buenos momentos, sino que también soy la culpa que cargo, las batallas perdidas, los finales abiertos. Lo que perdí, seguramente. Lo que gané... Lo que gano cada día. Lo que maquillé cuando no quise que vean, y por el contrario, lo que expuse. Lo que venero.
Soy lo que s u e l t o cuando entiendo que no es mío, pero me convierto en una cárcel sin llaves cuando me pertenece. Tendré que ser lo que sacrifico cuando esa reja se abra. Volveré a ser lo que cautivo, para volver a ser lo que abrazo, lo que soy sin ser yo.
Últimamente, soy lo que espero. Lo que espero de mí, de él. Soy a lo que me reduzco cuando hago eso.
En este instante soy lo que resumo en este texto, pero soy mucho más. Lo que juro que no voy a ser, lo que contradice lo que pienso. De a ratos me soy fiel, y a veces me juzgo tanto que no pareciera que fuera yo el sujeto de mi examen. Y lo supero. Y vivo siendo eso, lo que supero de mi misma.
Soy lo que el tiempo predica que hay que ser. Y también lo que logro por mis propios medios
Pero por sobre todas las cosas, soy una gran mentirosa. Pues en realidad, todavía no sé quién soy.
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