
Desde que nací que trabajó acá. Esta playa es herencia de mi familia, y es por eso que le debemos tanto cuidado. Igual, dejamos que la gente venga. Creo que eso es porque pensamos que no tendría sentido que las únicas huellas que queden en la arena sean las nuestras.
Pero, en todo el tiempo en que estuve acá nunca había sucedido nada igual.
Hace dos meses atrás, en pleno verano, la playa estaba colmada de gente. No lo había conocido a él hasta que empezó todo el desorden. Creo que era difícil distinguir a alguien en particular entre tantas personas, pero estoy segura que él era diferente.
Durante el crepúsculo el aire comenzaba a ser frío, por lo que la gente volvía a sus hogares, menos él.
Podía verlo desde mi casa, todas las noches, con su fogata encendida, mirando al mar, como buscando una respuesta en él.
Así, creo que habrán pasado tres noches. En la cuarta, la intriga me ganó. Instituyo que también fue su soledad la que me llevó hacía él. Querer protegerlo de la intemperie, de él mismo de alguna forma.
Agarré un par de mantas y puse en un recipiente un poco de la comida que estaba cocinando para mí. Y así fui hacía donde él estaba.
- Hola- le dije, cuando llegué. Era más perfecto de lo que me había imaginado.
- Hola- respondió casi sin mirarme.
- Alma, me llamo Alma. Te traje esto- Y le acerqué las cosas que había llevado. Él no hizo ningún movimiento, así que dejé las cosas en la arena. No había más que decir, así pensé que lo mejor, sería volver a mi casa.
Cuando estaba volviendo él comenzó a hablar.
- Martín, y ella es Miranda.- Dijo señalando a su lado.Busqué en todas las direcciones pero no había nadie. Nadie más que él y yo. Me dio miedo. Quise correr hasta mi casa, y encerrarme hasta que salga el sol. Pero algo hizo que me quedara allí. No pensé que él fuera peligroso.
-¿Ella? No hay nadie, te veo a vos nada más.
-Sí, ya sé- respondió con toda la calma posible- Es que Miranda viene todas las noches, pero viene a verme a mí solo. Le gusta atormentarme, vive entrando y saliendo de acá- dijo señalando con su dedo índice su sien.
Y rió. Creo que nunca había visto tanta luz como cuando su boca se arqueó.
-Perdoname, te estoy asustando.
Pero para esas alturas, nada me podía producir miedo. Yo también reí, al mismo tiempo que negaba con la cabeza ese susto del que se había disculpado.
Y acá viene lo más extraño de toda la historia.
Justo cuando el silencio ya me estaba aburriendo, el cielo comenzó a iluminarse, abriendo en un círculo un claro en medio de la noche. Ninguno de los dos nos movimos, ni dijimos una palabra. De repente, algo que todavía no puedo describir salió de ahí. Era como una luz diminuta, no sé.
Empezó a viajar en nuestra dirección, y sí que tuve miedo. Más de lo que le había tenido a Martín. Mucho más.
De repente, esa luz tomó forma de persona. Una persona tan desconocida como normal.
- No se asusten, vengo a contarles una cosa. Espero que la sepan entender.- Dijo con una voz un tanto finita. Se sentó un poco más alejado de nosotros, mirando al mar, que ahora se veía mejor, que con el simple reflejo de la luna.
- Hay algo que tienen que entender: el mar. No es tan simple entenderlo- Y soltó una risita disfrutando lo que supuse que era un chiste interno.- El mar siempre está avanzando, nunca vuelve atrás- movió la mano como acariciando el aire y un fuerte viento comenzó a soplar en la misma dirección, creando olas que morían casi al pie de la fogata.- Las olas siempre vienen, nunca van. Supongo que nunca habrán visto una ola que nazca en la orilla y que muera en el fondo. Es porque el curso del agua es uno y no se puede modificar. El pasado es pasado, siempre hay que ir para adelante.
Mientras hablaba, pensaba en dos cosas. La primera era una intriga que no pude resolver nunca. No supe de que sexo era aquella extraña persona que nos estaba hablando. Y la segunda, ¿A que fin quería llegar? ¿Por qué nos estaba diciendo esto a nosotros?
- Vine para que entiendan que el amor es igual que el mar, que tiene un solo curso, que no vuelve atrás, que lo que pasó vienen a morir en la orilla, pero no vuelve nunca. Lo mejor que pueden hacer es dejarse llevar por la corriente, ir en contra puede ser peor. Si así lo hacen, el mar te lleva a donde querés llegar. Confió en que podrán entender lo que les acabó de decir- Dijo, y se fue tal como llego.
Ambos nos quedamos atónitos.
No sé que habrá entendido él con todo eso, ni que le habrá pasado por dentro. Lo cierto es que yo nunca más volví a ver esa luz en la playa.
Al siguiente día Martín volvió a la ciudad donde vivía. Parecía otro. Supuse que había encontrado la respuesta que necesitaba. Ojala que haya sido así. No lo volví a ver nunca más por ahí.
Y en cuanto a mí, no sé si logré entender si todo fue un sueño o si realmente pasó. Pero creo que la enseñanza era más para él, por aquello de Miranda, que para mi. Aunque sin duda, yo también aprendí.

