miércoles, 4 de marzo de 2009

Te voy a evitar cuando vaya a buscarte.

¿Qué guardará cada la gota de lluvia que cae por mi ventana?
Quizás me venga a contar las noticias que no supe más de vos, los besos que se volaron con la última ráfaga de viento. Los hijos que tienen otros ojos, otros nombres, otra madre. La cama que quedo fría, y que está helada. O puede que me venga a cantar esa canción que es tuya. Que me devuelva tu risa tiritando en mi puerta, a prender la luz que apagaste cuando te fuiste.
A guiar los ríos de lágrimas hacía los mares de amores. A encontrarte en la esquina de mi vida, para que me des el aire que quedo en los suspiros que te guardaste celoso.
Las palabras de ilusión que vinieron con el vino. La noche de recuerdo que llego en mi cumpleaños.
Solo así, yo puedo darte los miles de versos que escribo y que llevan tu nombre. Las bocas que me sabían a vos, a tus labios que nunca toqué. A las noches que nunca viví, a este amor que es frenesí.
Las promesas que cumpliste, pero no conmigo. Un camino desolado, pero que aun sigo.
La vida que no es mía, no es tuya, no es de nadie. Las fiestas que pasé sin poder decirte que sos mi estrella. Las estrellas que coleccioné cuando no pude tenerte. El cielo que formé con todas ellas.
Estas ganas de escribir (te), de ser tu lápiz, tu tinta. Escribir la historia que me merecía, la que te contaba cuanto te quería.
De encontrar un día, cuando la vida no me depare más que el final, una razón por la que no tuvimos todo eso que soñé. Y verme vacía, tal como ahora. Y llenarme de lunas llenas. De esas que a partir de ahora, voy a empezar a disfrutar.
Tener ganas de empezar de nuevo, de que alguien me crea que te amo. Pensar que no fue en vano, los ruegos, las súplicas, este amor mundano.
Y quizás no sean mías tus noches, tus caprichos, tus recelos. Ni comparta con vos, amigos, risas y llantos. Y tal vez no esté apagando las velas con vos en tu cumpleaños, ni te de regalos en navidad. Puede que no sea yo la que te haga el desayuno bien temprano, ni discuta por los olvidos o los engaños. No te tengo desde hace un par de vidas, pero te amo desde algunos años.
Y sin embargo, me perteneces entero. Vivís atormentándome en mis sueños cada noche, y estás en mi mente durante el día.
Es por eso que estoy segura, que nadie me puede negar que existieras. Lo sé por esta sensación que es solo mía.
Y nadie me puede contradecir cuando digo que ya te olvidé. Porque no soy yo la que vuelve a tus brazos. Sos vos el que no quiere desatar de un solo tirón, este lazo.


Si te volviera a ver, te volvería a evitar.

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