domingo, 26 de abril de 2009

Cort Á zar


Era un hombre llamado Julio, aunque nació en agosto. Un grande, a pesar de haber empezado a los nueve. Un cronopio, sin embargo tuvo fama. Un argentino, pero nació en Bruselas. Un poeta que habló de todo, salvo el crepúsculo. Su apellido fue Cortázar, pero el prefirió Denis. Siguió escribiendo a pesar de estar en el final del juego. Algunos dicen que era rayuela. Era un escritor contrariamente de tener la casa tomada. Un gigante, a pesar de ser humano.

Era Julio Cortázar- es Julio Cortázar.

lunes, 20 de abril de 2009

Con cajas se sigue un camino.

Acompasó sus pasos y percibió sus pies, pesados y dubitativos, aplastarse en el suelo.
Nunca supo cuál de todos los caminos había elegido certeramente puesto que todos se parecían. Incluso tenían el mismo desenlace.
Al fin y al cabo poco había importado haber tomado una (y solo una) decisión al principio, pero lo hizo para no perder la costumbre.
Tenía en su mano izquierda el reloj de muñeca que lo guiaba sobre cual sería la próxima acción.
Llegaría a la casa de ella con la misma pasión- y la misma propuesta- de siempre. Pero cargaba en sus bolsillos, esperanzas que hasta ahora no había tenido.
A mi gusto, llevaba demasiada. Sería por eso que cada nuevo paso ocupaba un lugar más eterno en la mismísima eternidad.
Quizás su ambición no era avivar o apagar esa sensación dentro de su estómago, sino, más bien, mantenerla.
Quizás, también, la ilusión tenía poco de ilusorio.
De todas formas, su cuerpo, tan extenso y tan extremadamente real, seguía con su meta. Algo así como hacer corporal su ensueño.
Frenó en lo que sus ojos tardaron en aprehender el paisaje.
Sintió que no solo había perdido el rumbo, sino también eso que algunos llaman alma (porque ahora, para él, nada tenía significado)
Frente a él no había nada. Tampoco dentro.
El solitario altar que terminaba en la perceptible línea divisoria entre cielo e infierno rasgaba la soledad que luego sentiría en su piel.
Bajó la vista, más desilusionado de que nunca había estado. Supuso que se debía a que ahora tenía más ilusiones de las que toda su vida había sido dueño-
Y más debajo de su ruin ser, una caja.
La abrió, teniendo absoluto cuidado de no alimentar las esperanzas que ya había dejado morir. Pero dentro encontró lo que esperaba.
Siguió su rumbo. El suyo, el que él hubiera elegido. Esta vez si de manera certera y conciente de su destino. Tenía el corazón hecho añicos, pero él estaba íntegro.
Me habían dicho, hace algún tiempo, que caminó durante mucho tiempo. Y que superó, felizmente cada caja que se encontró en su paso.
Quizás hoy este más entero, a pesar de sus pedazos, que cuando partió.

viernes, 17 de abril de 2009

Im- posible.

Odiarte no es un término que describa con exactitud lo que siento, pero es el que más se aproxima en los momentos en que te veo del otro lado del río.
Si no fuera tan turbio nadaría para buscarte, pero he tirado tantos desechos en él que no es justo que se ensucie de mi cuerpo contaminado de vos.
Maté a los peces que nadaban al comienzo. Los ahogué en el río, aunque suene imposible.
Y es que todos eran tan irreales que no llegué a comprender que a veces se pierde.
Por eso te odio. Por amarte con la fuerza del río. Por querer llegar a tu orilla y borrar los límites. Por tener las ganas de secar el río como vos me secaste a mi cada noche vacía.
Pero lo natural es inevitable, y ya no hay nada que pueda destruir con mis manos.
Para vencer (me) necesito descubrir que podes hacerme mal. No me tengas piedad cuando me tengas que decir lo que sentís. La lástima es un recurso ignorante para tu imaginación perspicaz. Que me sangren los órganos y que sufra. Que no haya forma de curarme. A veces necesito ser extrema para entender lo que es lógico.
Demolé las murallas que construí para no verte así, tan ajeno. Que no me sirva mi vida si no te tengo. Que no te sirva mi vida en la tuya. Que sea real, como ahora.
Demostrame que no tengo los ojos que te reflejan. Aunque sé bien que nada está en tu mismo escalón. Pero hace evidente lo imposible que podes ser.

Creo que no te odio a vos.
Me odio por saber que ahora el río es un mar.

Pero más, por no haber creído [ni creer] que puede ser un charco.

martes, 7 de abril de 2009

Todo sin razón.

Si vinieras hoy a llevarte mis ojos, te los daría gustosamente. Porque no hay nada que me sea comprobable a través de ellos. Si cada vez que estás a mi lado, no es más que una azucarada ilusión.
Si me pidieras mis labios, también te los daría. No los he usado hace tiempo. Incluso, hasta te pertenecen.
¿Y mi cuerpo? Se convirtió en un montón de tubos que algunos llaman venas, pero están tan vacías de sangre, tanto que la vida ya no le es una cualidad. Es gracias a estos huesos, tan desgastados de ir a tu encuentro, los que me mantienen en pie.
No hace falta que me pidas mis lágrimas, mis ruegos. Te los di todos, sin omitir ninguno. Mis días y mis noches son tuyas.
No dudaría en darte mis manos si las prefieres. Quizás a vos te sean más útiles. No me sirvieron a mí para construir el mundo en el que quería vivir. Ni siquiera para escribirte esa carta que todavía me debo.
Hasta si me pidieras mi fe te la daría. No tengo más esperanzas que pueda mantener. Las vi derribarse una por una y sumirse en la oscuridad más eterna: la decepción.
No dudaría en regalarte mi alma cansada de habitar el mismo cuerpo, día tras día. Exhausta de soportar las mismas rutinas, con los mismos reclamos, con los mismos conformismos.
Si me robarás la columna vertebral no me daría cuenta. Las cosas más pesadas que tuve que soportar las cargué en el corazón. Ni siquiera eso ya me da estabilidad.
Ni mis pies, que recorrieron el largo camino que me llevó hacía vos una vez.
Te daría todo, de un soplo y sin dudarlo.
Pero si me pidieras mi razón… eso si que no. No te la daría.
Quizás sea lo único, y más rescatable de mí. Es la que me dice a ciencia cierta que no sos más que una quimera, el fuego de la fogata bajo el hondo océano.

domingo, 5 de abril de 2009

Teoría de superación del miedo.

Sin más psicoanálisis que mis escritos, me encontré desorientada sin saber sobre qué escribir. Y decidí que era bueno hablar de eso, provisoriamente por lo menos.
Lo más angustiante es que hay sin duda una necesidad de descomprimir eso que me mantiene inquieta. Y quizás no sea solo encontrar una musa, sino llegar también a la razón de mi desgaste interior.
Fue el comienzo el que me fue arrancando de a una las ideas, hasta dejar vacía la imaginación. Eso es lo único certero. Pero, ¿Por qué?
Que no me gustan los principios (Por el pánico que me producen) es obvio, por lo menos para mi. Pero estoy convencida, que sin un primer paso no hay camino. Y estoy tan segura de eso como que después el trayecto va a ser más ameno, al punto de no comprender cual era mi miedo inicial.
Y sin embargo, la semana pasada cuando la puerta de la facultad se convirtió en la boca más feroz que me fue digiriendo de a poco, y cada palabra se transformó en silencio para algunos, como yo, no todo fue así tan fácil como sé que será.
La fuerza que me impulsaba desde mi centro a salir de ahí lo más rápido posible quedó estática. Supongo que porque existe en mi una fuerza más grande. Y aunque podría dar una opción más evidente y vulgar, mi impulso es negativo. No es mi futuro lo que me mantuvo aferrada a la silla, sino mi pasado.
En la historia de mi vida, no me acuerdo haber hecho nunca lo que quise, porque la moral se interpuso en mi camino. Lo ético, lo honesto, el ‘No, Luciana, eso no’.
No sé en que me habrá ayudado esa parte represora de impulsos, pero supongo que eso conforma la persona que hoy soy. ¿Y quién soy?
Quizás averiguar el por qué de esta sensación de querer girar mi vida suponga mucho más que una publicación. Puede que no lo descubra nunca, o puede que ya lo sepa.
Lo cierto es que mi vida es excelente, y cualquier motivo que pueda encontrar queda en mi responsabilidad modificarlo.
Si es el miedo el que me paraliza, hay una sola frase que puede ayudarme: El temor y la esperanza nacen juntos y juntos mueren.
Y es cierto, ya que si no me atrevería a seguir, no me quedarían las esperanzas de superar el temor.

miércoles, 1 de abril de 2009

Otra feliz año.

sos tan hermosa que jamás vas a dejar de brillar así
aquí o allá
sos parecida a los planetas que se mueven por ahí
que no podés parar ya nunca de girar

dios santo qué bello abril
dios santo qué bello abril
DIOS SANTO, ¡QUÉ BELLO ABRIL SOS VOS!

para que no tengamos soledad











Y a veces el tiempo pasa, aún sin que lo note. Y a veces sos tan vos, que no hay poesía que te supere