Tan malos y desvastadotes como inevitables.
No creo poder expresar en palabras lo que siento, porque es más que dolor. Es incredibilidad. Es saberme excluida de sus destinos.
Al fin y al cabo el ser humano se reduce a recuerdos. Es lo único que nadie nos quita.
Y es lo que hoy también me lastima, me carcome, me infla para pincharme, me deja viva [porque matarme sería más placentero para mí]
Y uno se despierta y no hay más nada. Y debe ser así, siempre lo pensé.
¡Qué ignorante! Cuán poco viví, que poco dolor que pasé.
De elegir a que cosa poner punto final, sería a las guerras que se libran en casa de dos contra dos.
A la guerra que pierdo cuando debo opinar. Porque nunca fui buena consejera, ni seré buena psicóloga.
Y a la vez, este fin desenlaza otro.
Por mí, no más amor.
Para recuerdos ya tengo los que me inventé hace diez años.
Para dolores guardo cada rechazo.
Y sin embargo el amor (en singular) no es suficiente para ser eterno
El amor no existe.
Porque si todo termina, es inevitable que este, como cualquier otro sentimiento, también lo haga.
Y sobre todo, porque lo único que catalogue como amor- el más inmenso y eterno- hoy termina.
No me queda nada más por creer.
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