Capitulo I:
Ese no era su mejor día, pero tenía esperanza de que cambiase. Siempre las tenía, pero en ella no era bueno. Esas mismas esperanzas eran las que la llevaban a atolondrarse queriéndolo todo ya. Y eran las mismas que después del fracaso la dejaban sin respiración.
Lucia era una fracasada. Sabía cuánto dejaba fuera atribuyéndose esa frase, pero en el amor, aquello era totalmente cierto.
Pero en fin, así era. Quizás aprendería todo lo que ahora le faltaba con el tiempo. [Porque además era muy conformista]
Al terminar su día, la vuelta a su casa era lo más deseado. Y así lo hizo, tan rutinariamente. Pero esta vez no todo fue igual.
En la puerta de entrada de su casa había una pequeña caja. Tardo en tomarla, dudaba que fuera de alguien más. Y ella odiaba tomar cosas que no eran propias.
Pero no vio nadie a su alrededor y supuso que sería para ella. Y así era.
Ya dentro de la casa abrió aquella misteriosa caja de 10 x 10 cm., color crema. Sin destinatario, sin seguridad que prohibiera el paso a quienes no fueran sus dueños.
Dentro había una pequeña piedra color azul, pero casi transparente. Lucía imaginó el mar, porque aquel color le remitía a eso. Y porque, por ser su elemento preferido, cualquier cosa la asociaba al mar.
Tomó la piedra en sus manos y el color se volvió más intenso. Abajo, había un papel que encajaba a la perfección en el tamaño del cofre de cartón. Se leía con una clara letra manuscrita: “Lucía: Soñar es tu privilegio, pero la realidad es mucho más satisfactoria. Pedí un deseo, quizás la suerte o el destino te haga llegar a tus manos una piedra azul marino para que se cumpla. “
Lucía rió para sus adentros. ¿Qué era todo eso? ¿Quién le estaba jugando una broma?
Dejó la piedra dentro de la caja y se dispuso a comenzar a cocinar.
Sin embargo, ella siempre había creído en esas cosas, y a la noche se le dificultó dormir pensando que tan cierto sería todo eso.
Así que no tuvo otra opción que intentarlo.
- Total- se justificó- no pierdo nada con probar.
Y era cierto. Si se le cumplía el deseo mejor, pero sino, no pasaría nada malo.
Buscó la piedra que ya había olvidado donde la había puesto. Y en el instante en que la agarró se dio cuenta que no sabía como usarla. Releyó la nota que le habían enviado, quizás allí estaba la clave. < Pedí un deseo> decía. Probablemente en voz alta, aunque eso lo había sacado de alguna novela. Quizás no hacía falta tanta cháchara.
Lo volvió a leer hasta encontrar algo. La nota no le daba muchas pistas, muy pocas palabras en donde buscar. Pero estaba segura que ahí estaba.
< Quizás el destino te haga llegar a tus manos una piedra azul marino > Se sintió satisfecha. No sabía si había encontrado la clave, pero el < en tus manos> le pareció de más. Algo debería de significar.
- Total no pierdo nada con probar- volvió a rectificarse.
Colocó la mano que le faltaba encima de la piedra, y acomodó la voz para pedir el deseo. No hablaba de cuántos podía cumplir, pero por las dudas lo eligió bien (dentro de lo que su precipitación le permitía) por si el pequeño diamante cumplía uno solo.
- Deseo que se enamoren de mí- dijo casi gritándolo con los ojos cerrados, porque así era más dramático.
Y al abrirlos se arrepintió. Tantas cosas por pedir. Quizás fuera porque, en lo demás, le iba de maravillas. Encontrar el amor era lo único que le faltaba para sentirse completa.
Pero nada sucedió.
¡Que paparruchadas! – pensó. Y se fue a dormir, como todos los viernes. Mañana era noche de cena con las chicas. Debería descansar.
Capitulo II:
La noche de sábados había sido la elegida desde que habían terminado el secundario. Pero la vida la iba llevando a no ser nunca las 5 en la mesa. Por trabajo, por estudio, o por otros motivos, alguna no podía ir. Pero en la semana de seguro se contactarían con ella para ponerse al día con sus vidas. Que el tiempo pasará y las obligaciones crecieran no significaba que se acabara la amistad.
Iban siempre al mismo sitio. Por comodidad un poco. La atención era excelente y tantos años de habitué las convertía en clientas exclusivas.
Llegaron riéndose, como siempre. Y se sentaron en la misma mesa que normalmente elegían.
Las risas se mezclaban con charlas serias y comentarios sobre otras personas.
Pero todas quedaron calladas cuando se sumaron a la mesa dos chicos: un viejo amigo de todas, con un amigo de él.
A lucía se le paralizó el mundo. Había estado enamorada de Noel desde que iban al colegio. No podía creer que estuviera sentado en la misma mesa.
Noel presentó a su amigo ante todas ellas.
- ¿Cómo están chicas?- dijo para entrar en conversación- él es Benjamín, un amigo.
Y cuando lo nombro, Lucía se fijó en Benjamín. [Porque había estado mirando únicamente a Noel]
Guau- pensó- será que la gente linda siempre anda junta.
Benjamín era morocho, alto. De esos que se parecen a un galán de las novelas latinoamericanas. Con la sonrisa más perfecta que se podría imaginar. Con el cuerpo trabajado, pero no exageradamente. Con los ojos llenos de luz.
Si no existiera Noel, Lucía seguramente se habría enamorado de su amigo. Pero nadie podía compararse con él. Noel era único, y no simplemente en cuerpo.
Porque la dulzura de su mirada, de sus gestos, los lunares en su cara, la forma de la comisura de sus labios cuando reía, su cuerpo entero. Nada era comparable con su forma de ser. Y aunque era excesivamente hermoso, mucho más hermosa era su alma. Y todas las pinturas que le había regalado a Lucía cuando eran amigos.- porque era el mejor pintor para ella- llevaban un poco de él. Y todas las cosas que le había enseñado. La contención que ella sentía con una sola palabra. Él, en su integridad. No había explicación para Noel. No había nadie como él.
Así transcurrió la noche.
Y hasta ahí, todo era mágico. ¿Qué más podía desear que estar con él, con sus amigas? Todo era realmente perfecto.
Capitulo III:
Pero la noche se fue tornando mejor y peor. Mejor, porque en la sobremesa, Lucía decidió ir a comprar algunas cosas a un quisco. Benjamín decidió acompañarla.
Y en ese trayecto comprendió las intenciones que él tenía con ella. De alguna forma se alegró. Quizás el deseo que había pedido si se había cumplido. Aunque maldijo que no haya sido Noel quien le haya propuesto estar con él.
Y peor, justamente por eso. Noel no dejó en toda la noche de ignorarla (O era lo que ella suponía que estaba haciendo)
Muy a su pesar, la noche terminó. La estaba pasando bien, sacando el infortunio que la alejaba de lo que ella quería, había pasado un buen momento.
De regresó a casa Benjamín se ofreció a acompañarla. Lucía aceptó. No sabía porqué, pero alguna vez tenía que decidirse a elegir las cosas que la llevasen a un puerto más seguro. Había pasado su vida lamentando amores inconclusos, y siempre elegía a aquellos que sabía que no terminarían en nada.
No le pareció mal dejarse llevar. Quizás esta vez sería todo diferente. Además Noel no le llevaba el apunte, y decidió que no podría condenarse a esperarlo.
Así que al llegar a la puerta de su casa, Benjamín la despidió con un beso. Uno tan dulce, que la hizo acordarse a Noel. ¡¿Y es que nunca se olvidaría de él?!
No creyó en todas las cosas que benjamín le dijo, pero por lo menos la hicieron sentirse mejor.
Abrió la puerta y se despidió de él con un último beso. Arriba de la mesa estaba la piedra, brillando más de lo que los efectos de los rayos que atravesaban la ventana podían crear. Además estaba segura que no la había dejado ahí. Se estremeció y la agarró para sacarla de su vista.
Pero tuvo que soltarla y dejarla rodar, porque la temperatura que desprendía era lo suficientemente alta para ser insoportable a la piel humana. Tomo una cuchara y la trasladó con cuidado a un mueble más lejano. Y se fue a dormir, porque estaba muy cansada. Y porque aquello de la piedra le daba miedo y bajo las colchas se sentiría más segura.
Al levantarse al siguiente día se encontró con Ada, una de sus amigas. Fueron inevitables los comentarios de aquella noche. Pero hubo uno que la dejó perpleja.
- Cuando te fuiste- dijo casi en susurro, como si alguien estuviera escuchándolas- Noel comentó que no le gustaba nada eso de que Benjamín te siguiera los pasos.
-¿En qué sentido?- pregunté ignorante.
- Dijo que benjamín estaba haciendo lo que a él le gustaría hacer: quererte.
Y el corazón se le rompió en mil pedacitos. Había seguido sus instintos, pero había fallado. Porque ahora se convertía en la chica de Benjamín. Alguien intocable para Noel, a pesar de sus ganas.
Capitulo IV:
Y esa tarde decidió escribir, porque eso era lo que más la liberaba. Sentada en su escritorio Lucía comenzó una carta que nunca llegaría a destino.
¿Cuándo fue el momento en que deje que mi orgullo rompiera a patadas (Con zapatos de taco agua) toda la contención que me diste? ¿Cómo fui capaz de someterme a la tortura de verte alejarte de mi, empujado por mis manos?
Y es que a veces los deseos no son lo que uno espera cuando se cumplen. Porque la piedra azul marino que llego a mis manos volvió realidad un deseo. Y después todo se volvió irreal.
Debería aprender a decidir con determinación- y específicamente- lo que quiero.
Debería dejarte vivir la vida que elegiste.
Debería vivir mi vida, sin lastimarte. Porque eso es lo último que quise hacer. Y fue lo primeo que se me ocurrió para vencerme.
¿Cómo me saco este nuevo deseo de destrozarme en mil pedacitos? Porque eso es lo que quiero hacer conmigo. ¿Cómo se hace para recomponer las cosas que uno mismo rompió?
Perdoname, a veces (Muy a menudo) se me da por hacer cosas realmente estúpidas.
Y pesar de que en algún momento haya sido su sueño, quizás todavía estaba a tiempo de deshacer el hechizo.
domingo, 7 de junio de 2009
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