domingo, 21 de junio de 2009

Ricardo.

Te voy a contar un cuento papá, después de todos los que me contaste vos a mi.
La historia de un hombre que se mantuvo entero a pesar de todo. Un hombre que no sabes cuánto se parece a mi.- o mejor, al revés-
Y es que elijo esta historia pero bien podría estar contándote de los miles de hombres que fueron como mis padres. Pero me gusta más ésta: la de mi padre que fue como mil hombres.
Empieza como todas las historias, con un Había una vez, una vez 19 años atrás.
Una vez en que un bebé conoció el mundo. Pero no el mundo que ahora percibe. Porque en ese momento para ella el mundo era los brazos calentitos y enormes- inmensamente enormes, cabe destacar- de un hombre.
Y en esos tiempos las noches duraban poco, aunque la paz era completa. Pero siempre estaba la sonrisa extraña (Por los bigotes que lo caracterizaban) de su mundo, que la devolvía a su plácido sueño.
¿Sabes? Después, y como todos, la nena fue creciendo. Y empezó a ir a un lugar con muchos otros nenes. Pero lo que más le gustaba a ella, era los peinados que ese hombre le hacía. Y los abrazos. [No sabes cuanto le gustaba sus abrazos]
Y le enseño muchas cosas, pero no con palabras. Aunque él era el mejor escritor del mundo. Y creo que lo sigue siendo.
Y esa fue una de las cosas que él le regaló, muchas historias que todavía le faltan escribir. (Porque son muchísimas)
Entre otras cosas, claro. Una vez, cuando todo parecía estar mal, Luciana se detuvo a verlo. Y aprendió que con perseverancia todo se puede, porque él llegó a donde quiso llegar. También aprendió de sus errores, de lo que ella no quería hacer con su vida. De lo que pensó que él se equivocaba.
Y le regaló la confianza que ella todavía no supo aceptar. Porque para él, ella es perfecta.
Y un avión invisible para que vuele a cualquier horizonte. Un par de consejos que siempre fueron útiles. Una caja llena de verdades que la impulsaron a cambiar lo que ella aborrecía.
Le regaló amor, para que ella pudiera dárselos a otros (más bien le enseñó a amar). Sonrisas, por si algún día le faltaban.
Pero lo que nunca le regaló fue el brillo de sus diminutos ojos casi imperceptible. Y es que no daba lo mismo en cualquier mirada.
Le entregó el mundo tal y como estaba, porque él pensaba que lo malo también te hace crecer. Y tenía razón.
Y siempre le dio su confianza. Su apoyo incondicional.
Lo malo- porque hay algo malo en esta historia que parece perfecta- Lo malo papá, es que después de haberle regalo tantas cosas, después de formarla primero orgánicamente, y más tarde su pare humana (Y hasta como hija), Luciana no sabe que regalarle en el día en que conmemoran a todos los padres.
Y es que igual no es imprescindible. Porque para festejar su día no alcanza con veinticuatro horas. Ni es justo, que sea para todos por igual. Porque vos papá…vos sos ÚNICO.


No hay comentarios:

Publicar un comentario