Esta bien morirse de vez en cuando. Siempre y cuando tenga un buen motivo y valga la pena.
Morirse por lo que te dicen. Y no es que desvalorice las palabras, pero no son ellas las que te empujan a lo mejor.
Porque morir es volver a nacer otra vez. Es darte todo, sin que importe quedarme vacía.
Es comprensible. Darte todo es salvarme a mi misma. De los miedos que no me dejan decirte que me rogué infinitas veces no hacerlo, no quererte. De estos días que se acumulan, esperando morirme, pero morirme en un rinconcito de tu cuerpo. Morirme con tus brazos rodeándome.
Si pudiera al menos llenarme de vos hasta morir, como vengo diciendo, sería imposible después volver a ser tan feliz.
No te imaginas cuánto más allá de tu imaginación va lo que siento. Ni siquiera supones todo que todo esto que escribo tiene tu nombre codificado. Y vengo muriéndome cada día. Me muero de ganas de gritártelo. De decirte que sí, que me muero por entrar en tu mundo, en tus sueños, en vos.
Y me muero de pánico también. De que no sientas nada por mí. Aunque creo que le tengo más miedo a que te pase lo mismo.
Incluso vos me matas, pero tan sutilmente que ni te das cuenta. Pero no está mal. Si me dejaras, moriría todos los días.
Hasta creo que vivo para encontrarme con tu voz en mis recuerdos, tus fotos con tu gente.
Esta bien morirse de vez en cuando. Por lo menos en eso mis actos coinciden con mis pensamientos.
Porque ya me es inevitable morirme cada vez que te veo. Cada vez que la luna me recuerda que te necesito. Cuando el tiempo me esclaviza esperándote. Morirme en los instantes en que nada me consuela más que tus palabras. En las ganas diarias de gritarte que no vivo si no te escucho.
Me es inevitable no decirte que me enamoro un poco más cada vez que tenemos una de nuestras conversaciones. Se me está haciendo imposible no jurarte que me muero de amor por vos.
domingo, 12 de julio de 2009
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