Todo sucedió casi en el tiempo en que tardó en salir el sol. Los cigarrillos arriba de la mesita, la luz tenue como les era habitual, las sábanas de la cama enmarañada con las escamas de lo que había sido piel.
Ella cabía perfectamente en el lado derecho del cuerpo del hombre que amaba. Hubiera intentado pertenecer a él de cualquier forma. Lástima que era imposible que el amor fuera recíproco, así había sido siempre.
Al fin y al cabo de eso se trataba, un beso en la mejilla, un roce en sus piernas, otra noche inolvidable, y el sol que venía a encandilar todos los recuerdos de ella y todos los abrazos de él.
- Quedate conmigo- le dijo. Pero sabía bien que él tenía que ir en busca del destino, de una mujer que amara.
Quizás por eso no le respondió. Era casi inmoral que le mintiera, cuando ella todo el tiempo le decía la verdad.
Él también quería quedarse, pero así eran las cosas. Tenía que encontrar los ojos que lo hicieran sentir mareados. No quedaba otra, esa era su misión: chocarse de frente con una mujer que lo carcomiera de sol a sol. (Y no ir a buscarlo, como hacía ella) Y ella, que hubiera robado el alma a la luna para que la recordara cada noche, pareció darse cuenta que no era necesario. Que él la recordaría sí, pero con eso no llegaba a ninguna parte.
Entonces prefirió morirse con el día, y volver a él sin ninguna huella cada noche, pero no era luna.
Lo miró, y él supo lo que pensaba, porque se fue, dejando el aroma en el pelo negro que se derramaba en la almohada, y que sabía que mañana volvería al mismo sitio para amarlo.
No lloró, al menos no por eso. Ya estaba acostumbrada a que él huyera de sus caricias en el pecho casi en el borde del alba. Quizás suspiró porque lo buscaba todo el tiempo, aún sabiendo que no lo iba a encontrar.
O tal vez porque lo encontraba en otra boca que desconocía, o porque gritaba al silencio ingrávido de su soledad que se quedara con ella, que la viera, que ella estaría allí otra vez mañana.
- Quedate conmigo-volvió a repetir, pero no la escuchó, porque ya se había ido.
Y quiso decirle, quedate conmigo para que pueda luchar contra tus miedos, para que sea cómplice de tus sonrisas, para dibujar en mi mente tus pestañas arqueadas el día que me faltes.
O puede que le haya querido mencionar aquello que destino, también era poco tino. Que podía también significar que no haya acierto en su búqueda, o en donde buscaba. Que ella tampoco había tenido mucho tino en eso del amor, pero que no iba a dejarlo a él por un pasado poco acertado.
O más bien pareció decirle que se quedara con ella, porque no era necesario buscar un destino que sin querer ya había encontrado, disfrazado de mujer cada noche en la cama de la que él se acababa de ir.
viernes, 31 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario