miércoles, 19 de agosto de 2009

Analogía de mi.

Todos tenemos una vida paralela que no conocemos. Somos otras personas, que en algún punto suprimimos para ser lo que somos.
Yo, por ejemplo, tengo otra Luciana que habita en mí y que me contradice todo el tiempo.
Luciana no es soñadora. Le gusta la realidad concreta, porque eso de inventarse cosas que no va a tener le parece un poco trillado, melodramático, y hasta cursi. Tiene sueños, sí (Nadie podría vivir sin ellos) pero en su mundo se llaman metas, que se propone alcanzarlas. Y lucha hasta conseguirlas. Para ella esa es la forma más directa de vivir. Porque no es histérica: quizás no sea todo blanco o negro, pero los no sé y los peros no existen en su léxico.
Tampoco es tan romántica. Le gusta que algunas veces el amor se transforme en pasión- como a todos-.
Es muy segura de sí misma. Confía en ella más que en cualquier otra persona, porque es una ferviente seguidora del pensamiento que tienen los que se valoran. Además no conseguiría nada si no confiara en ella (Y lo digo por experiencia)
Por eso ama más que yo. No dibuja una línea entre los demás a ver cuán alto está cada uno, ni descubre que ella está por debajo. Los iguala.
Se defiende bastante bien ante comentarios mal intencionado.
Luciana no es impaciente. Es que ni siquiera espera, sabe que lo que venga, vendrá sin tener la necesidad de llamarlo. Y no cree en el destino, porque eso no es más que la esperanza desesperada de los que no tienen presente.
Sabe cuando hablar, sin tener miedo. Tiene en cuenta que lo peor que le puede pasar es que le digan que no, que no quiero, que no te necesito, que no servís. Pero como confía en ella, no tiene problema con ese tipo de respuestas. No le duele la realidad.
También sabe cuando callar a tiempo. Es medida en lo que dice, y no queda mal delante de nadie. No lastima con las palabras, ni se auto boicotea.
Le gusta el dulce de membrillo, el melón y las pasas de uvas (Y a mi me parecen repugnantes), y no se vuelve altanera cuando se enoja. Escribe cuentos que nadie inventó antes, y no tiene dudas cuando se trata de publicarlos. Es que lo mejor de sus historias es que no tienen un destinatario final, ni alguna intencionalidad.
Luciana, no piensa tanto. Si tiene ganas de hacer algo, va y lo hace. No se queda con las palabras en su boca, ni las ganas en su pecho, ni los besos en sus labios.
Vive al extremo, disfruta cada minuto. Quedarse en su casa, para ella, es aburrido. Se siente viva, aprovecha cada ocasión para innovar nuevas formas. Se contenta con lo que tiene, pero no por eso se estanca.
Luciana avanza. Piensa en superarse todo el tiempo, en practicar nuevos deportes, aprender nuevas danzas, nuevos idiomas. Le sorprende todo lo que puede descubrir cuando emprende un nuevo camino (Y lo hace seguido, porque le gustan los comienzos)
Es muy simpática. Le gusta charlar de todo, pero no se pasa de la raya.
No es perfecta, porque nadie lo es. Pero Luciana es mi antítesis. Quizás por eso, de vez en cuando, me den ganas de darle paso.
Pareciera que ella no sufre por nada, pareciera que sabe convivir con lo malo que nos toca en suerte.
Pero lo que no me debería olvidar, que todas esas cualidades son tan mías que nadie conoce.
Aunque puede que hoy, sea uno de esos días en que Luciana viene hasta mi, me hace cosquillas en mis tejidos internos, y me susurre al oído que ella también es yo. Y yo sonría, porque ahora que sé que vive conmigo, pueda hacer todo lo que ella hace.

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