Me gustás. Y te lo dije en los cuentos con esperanzas, y te lo digo ahora que mi autoestima sacó un pasaje y no me dijo a donde la desgraciada.
Me gustás hasta el punto de exiliarte de la realidad para secuestrarte en mis sueños. Hasta el punto de soportar verte tan lejos. Hasta tolerar esta relación hostil, que me gusta.
Pero, resumiendo, lo importante es eso, que me gustás. No importa cuánto, porque quizás sea un poco más de lo que digo. Creo que a estas alturas, tampoco importe decirlo. Es que ahora todo parece tan poco, que no sé… Hablamos tanto sobre esto y a la vez no hablamos nada.
Igual me gustás. Pero ese no es el punto. Lo que quiero decir es que también me dolés.
Me dolés en los besos que arden en los labios y que se convierten en aire, y después en respiración. Esa misma que más tarde seguro me sacás.
En los pocos besos que sí te dí, y que sembraron bombas de deseo de volver a tenerlos y de adicción. Bombas que están al borde de explotar.
Me dolés en las promesas que no te dije pero que intento cumplirlas.
En los océanos que nos separan y que no cruzamos porque puede que no sepamos nadar, o porque tenemos miedo, o porque no queremos.
En la imaginación, que me sacude justo cuando te ilusiono mío.
Me dolés tan profundo que ya no sé si esto es realmente bueno.
Y siempre sos la sensación de querer terminar estas cartas, pero siempre vuelven a empezar. Siempre están las teclas incitándome a decírtelo, siempre mis manos que te tocan con palabras. Decirte en codificado que me dolés, que sé que no querés eso, que tanta contradicción, tantos sí, que no tienen gusto a convicción.
Y todo esto, que empecé como un juego, hoy se hace laberinto. Pero estoy tan mareada que ya no sé a donde disparar. Y no sé nada, nunca lo supe.
No sé bien como quiero que tomes esta carta. Quizás yo esté escribiendo el punto. Decidirás vos transformarlo en un punto final, o en uno de partida.
Creo que ahora tenés dos opciones: la opción uno sería leer tu nombre en el remitente, como habrás hecho tantas otras veces, y dejar los miedos, y poner la pieza, que quizás vos tengas y que le falta a mi rompecabezas en su lugar.
O también podrías ignorar (Y esta es la segunda opción) Ignorar esta carta, leerla como un cuento. Y que yo fracase otra vez. Que queden mis ideas en mí, sin habértelas regalado.
Ojalá elijas la primera opción.
Mientras tanto, yo voy a seguir esperando, doliendo, queriendo. Esperando que algo cambie para que deje de doler, para quererte más.
Esperando, sabiendo bien que podría hacer yo misma. Frenar esta rueda que gira y que gira y no para, y que está siempre en el mismo lugar. Pero también a vos te corresponde escribir la mitad de esta carta. (O en nuestro lenguaje, a vos también te toca ser la pieza del rompecabezas que soy)
Ojalá elijas la primera opción. Pero siempre ojalá, y duele. Como vos me duele…
domingo, 30 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario