martes, 4 de agosto de 2009

Las cosas que no te dije a la cara.

Tenerte ahí, tan ajenamente mío me dio miedo. No sé si es exactamente esa sensación, pero se aproxima. Más bien me llevó a un pasado que quemó el aire que respiraba hasta convertir mi amor en polvo. Esa vez que le confesé que lo amaba y él se dio media vuelta, sin girar a verme como me evaporaba. Y Yo lo vi irse con la mujer que alguna vez le confesé mis secretos, incluso mi amor por él (Que terminó siendo el padre de sus hijos)
Y sí, soy la misma que te pidió que renuncies a tu dolorosa historia. Pero aunque quizás no parezca, la diferencia es que no es al amor frustrado que marcó mi adolescencia el que me condena al miedo.
Confió en vos (como te dije casi sin que me escuches) Mi problema está en la inseguridad. Quizás mañana mi nombre no quede bien en tu boca o existan otras manos que te desnuden el alma.
Y otra vez fantasmas en la noche, melodías lacrimógenas y el pecho vacío. Sin contar que el autoestima va a bajar hasta el infierno para reírse de mi.
Y es una posibilidad, pero no es tu culpa. Ojala me dejaras repetirte que amor no es eso que te dieron.
No sé que te pueda dar yo. Y contestando a tu egocentrismo, no tengo idea si me enamoré. Quizás sí, quizás es lo que quiera. No puedo saberlo, nunca me pasó. ¿Cómo saber que algo es alto si nunca viste un enano? ¿Cómo conoces la luz si nunca viviste en la oscuridad?
De lo único que tengo la certeza es que no podría lastimarte. Pero no es algo que te pueda decir, porque hoy en día es casi un desafío confiar en las palabras, incluso para nosotros que vivimos de ellas.
No te pido que me creas, me basta con tenerlo en cuenta yo.
Por eso hoy te escribo esto, porque esto que no te dije a la cara me hace insómnica desde las últimas 72 horas.
Quizás cuando te tuve ahí te quise rogar que te quedarás conmigo, como un cuento tuyo (O mío, ya no sé)
O que yo también tenía miedo- y mucho- porque puede que sea el momento de ser feliz. Pero es que ningún monstruo verde con nombre a desilusión puede devorarme si vos estás ahí.
Quizás quise contarte que me dolía el hueco que había entre nosotros, a pesar de tener mi cintura en tus manos.
Y me duele, porque suelo pensar mucho (Y a veces mal) saber que vos no… (No sé como explicar algo de lo que se sabe poco) Quiero decir que me duele imaginar que vos no sentís lo mismo por mi.
Creo que también te quise decir que haría de tu boca, mi casa. O no. Más bien la haría una calle que no se bien a donde me lleva, pero que cuando la ilumina tu sonrisa, seguiría ese camino sin importarme donde termine.
O que las ansias de tenerte no son más que las ganas de liberarte de todo eso que te hizo mal. Que de alguna forma es lo que me va a liberar a mí de mis propios dolores.
Y es que ignorar algunas cosas no está tan mal, pero me encantaría que cada frase que leo en tus historias hablaran de mí.
Que tus aves de paso volaran a otros rumbos (Algunos dirán que son celos, pero en realidad es miedo. No quiero que te lleven a volar con ellas, prefiero tener esa exclusividad)
Me muero de ganas que me agarres de la mano y me lleves a buscar cualquier cosa, no importa qué.
Y es que para mi también es difícil decirte esto de frente.
Pero confío en vos, en la valentía que decís no tener.
Confío porque es la única manera de no salir lastimada. Y es también la forma más directa al destino inverso.
Pero quería demostrarte que fuera cual fuera el final, voy a intentar construir los puentes que me lleven a vos, y demoler los miedos que te (Y me) impiden ser feliz.

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