-Hable- dijo la voz de Celina en el auricular. Como si Lucas pudiera hacer otra cosa.
-Hola, ¿Se encontraría Camilo?
- ¿Camilo? Acá no vive ningún Camilo. Usted está equivocado señor.
- Discúlpeme señorita, es que estos números insisten en confundirse.
- Sí. Lo entiendo. Mis números suelen también hacerlo
- Yo pienso que será la modernidad ¿Vio? Los botones se sienten bien, se creen con derecho a marcar cualquier cosa
- Claro- confirmo Celina. Después no había mucho más que decir, pero no cortaron.
- Perdón, nuevamente. Lucas, soy Lucas. ¿Cómo no me presenté en un comienzo? ¡Qué descortés!
- ¡No se aflija hombre! Es que no tuvo tiempo de mencionarlo.
- Muy amable señorita…
- Celina, perdón
- Hermoso nombre
- No, para nada. Pero bueno… ¿Qué le vamos a hacer? Uno no lo decide, no puede controlarlo, como los dedos en la botonera del teléfono.
- Claro, por eso a veces se equivocan. Si aceptaran lo que uno les ordena, pero no. Y a uno no le queda más que aceptarlo.
- No Lucas, no me parece. Debería levantar el tubo y escuchar la voz de quien queremos oír.
- Bueno, a partir de ahora quizás quiera escuchar su voz cuando levante el tubo.
- ¡Qué charlatán! Será un poco complicado si ellos siguen controlando todo.
- Puede que nosotros nos dejemos también.
- Puede que nos dejemos- rectificó Celina.
- Pero también puede que cada error me lleve a usted, de equivocarse no se salva nadie, alguna vez tiene que volver a suceder.
- Y yo pienso que sí ¡Qué se yo! Siempre hay que tener tiempo para equivocarse. Y si no, debería hacérselo.
- Si me vuelve a llevar hasta su dulce voz- continuó Lucas.
-No mienta. Debe ser el auricular del teléfono que me hace sonar así.
- O la forma en que entona cada palabra, casi con el aliento en la palma de la mano.
- Puede ser por un llamado inesperado, que me quitó el aire.- Entonces fue cuando Lucas no supo que decir. Entonces siguió ella.
- Disculpe, no quise decir eso.
- No se avergüence Celina. A mi me pasa igual.
- Me da gusto que se haya equivocado.
- Será nuestro destino ¿No cree?
- No, sinceramente.
- Yo tampoco de todas formas. ¿Y en la compatibilidad de los signos?
- Ni siquiera tengo idea de que signo soy.
- Claro, entiendo. De todas formas no es importante. ¿Usted cree en el amor?
- Bueno, en realidad para mí el amor en sí no existe. Es una abstracción, como las matemáticas ¿Vio? Al final uno termina casándose, pero por presión, es todo tan…
- Está segura que Camilo no vive allí ¿No?
- No Lucas, le digo que no.
- Ah, disculpe, entonces me equivoqué de número. Buenas tardes.
Y Celina que escuchó un tu eterno.
jueves, 10 de septiembre de 2009
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Que lindo sería no? Entablar una conversación con un desconocido dejando de lado todas las barrers sociales y personales que ponemos o nos vienen atadas.
ResponderEliminarAlgo que veo en mi hermanito y en los niños en gral es esa facilidad para hacerse amigo de cualquier pibe con el que cruza dos palabras... ¿Cuando fue que dejé escapar a mi niño interior, para darle lugar al adulto prejuicioso? Supongo que no puedo hecharle más culpa que al tiempo...
Como siempre genial tu cuento...divina mirada del amor tenía Celina...amor matemático...quizás por eso no creía en el amor...porque en realidad nunca lo conoció...el amor como una ciencia exacta, calculable... bah...quizás el que no conoce los axiomas del amor, las ecuaciones pasionales (muy útil sería poder "igualar" las dos partes de la ecuación amorosa)soy yo...quizás existan reglas a seguir...algún mapa cartesiano para encontrar los puntos en los que confluyen dos lineas, o dos almas.
Sí...es una idea interesante...aunque la veo más como útopia...
Tus cuentos (como acabas de ver...) son el fuego que ensiende la mecha de mis ideas, me inspira, me llevan a donde más me gusta, a la reflexión y el pensamiento...que no se acaben nunca!
O por lo menos...ese es mi deseo...
besos lu...