martes, 27 de octubre de 2009

A vos papá.

Era una tarde oscura sobre Avellaneda, espesos nubarrones ocultaban el cielo, y a través de algunos claros visibles se podía ver el resplandor de los relámpagos.
Corría el año 2100 y mucho tiepo atrás, había quedado la crisis de principio de siglo en la Argentina. Ahora, se vivían años de bonanza po estas latitudes.
En un rincón del living de la suntuosa casa, se encontraba Malena, en su cómoda mecedora, con sus 99 años, rodeada por nietos y bisnietos. Parecía increíble el avance de la ciencia, ya que, la media de vida se ubicaba entre los cien y los ciento veinte años.
El más pequeño del grupo le pidió insistentemente que relatara historias de su juventud. La dulce abuela solía entetenerlos habitualmente con sus recuerdos.
bueno,- dijo ésta recogiéndose el cabello platinado que caía sobre sus hombros- si es lo que desean...- y así dejaron por un instante de jugar, en esas máquinas intergalácticas de realidad virtual.
- Como ustedes saben, mi abuelo Ricardo, mis padres y sus hermanos eran oriundos de Avellaneda, pero de una Avellaneda que ustedes ni se imaginan. Al principio, fue una Ciudad industrial cercada por inmensas curtiembres, donde se trabajaba el cuero de vaca para hacer prendas de vestir. De cada fabrica podía verse el humo de sus chimeneas, que si bien eran contaminantes , los habitantes de esa ciudad, podían subsistir honrosamente con un trabajo digno; también, fue una ciudad donde no escatimaba en la cultura,aquí el viejo Teatro Roma, que ustedes conocen como Museo, fue un estandarte. Por allí pasaron gran cantidad de artistas y gente importante, símbolos de aquella época. Una calurosa tarde de domingo de marzo del año 2020, me encontraba bordo de mi automóvil, paseando placenteramente por Avenida Mitre, en esa época los autos todavía apoyaban sus ruedas en el asfalto para avanzar; cuando de repente, al llegar a la esquina de 25 de mayo, me encuentro en medio de una batalla campal.Ahí caigo en la cuenta, que ese día se jugaba el clásico de Avellaneda, y sin tener a donde ir, me resigno a mi suerte y atino solamente a rezar. En ese presiso momento, veo un muchacho de unos veinte años, morocho, de gran contextura física, que abriéndose paso entre la multitud, fabrica un claro por donde mi pequeño vehículo pudiera pasar, seguidamente me invita cortésmente a pasarme al asiento del acompañante, poniéndose al volante, cosa que accedí, pero con muy mala cara. Ya lejos del peligro lo miro y le pregunto:
- ¿Sabes que esto que estás haciendo es un secuestro?- él me responde con una dulce sonrisa y agrega
- Muy por el contrario, más que tu secuestrador, prefiero ser tu esclavo.
Y saben, chicos, este muchacho al que me refiero en esta historia, hoy en día no es más que su abuelo Pablo.
Quitándose lentamente los lentes se da cuenta que, a pesar de los avances de esta época, una buena historia bien contada es suficiente para que unos revoltosos niños concilien el sueño.


















Encontré esto entre algunos papeles, y aunque una parte la pasé a voz directa, la historia es tan mía (Y tan tuya y tan de todos) que acá, que es donde yo manifiesto mi imaginación no podía dejar de poner la tuya.
Que es la imaginación que de chiquita me fuiste transmitiendo papá. Que son los cuentos que solamente yo escuchaba. Que son tus mitos, que hicieron de mi la escritora que hoy intento ser.
Que son vos, escribiendo la historia de mi vida.

Gracias por la fantasía que siempre me regalaste.

jueves, 22 de octubre de 2009

"Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan."


Paulo Coelho.

lunes, 19 de octubre de 2009

Había una vez un sueño. (Atado en el alma de la realidad)

Si de soñar se trata, soñé con vos todo el tiempo. Soñé con mi nombre reiteradas veces picándote en tus cuerdas vocales, con tus ojos turbios y llenos de historia.
Imaginé que me faltaba el aliento después de haber respirado tanto, y que vos me regalabas el tuyo, sin preámbulos.
Vi la sombra de tu cuerpo en la pared que está enfrente del sillón.
Inventé situaciones, te llevé a mi terraza con los ojos cerrados, después te saqué la venda y te mostré lo que yo veía desde ahí. Te respondí que son mejores tus ojos observándolos cuando me dijiste que era un paisaje hermoso.
Buqué la forma de tus besos encendidos, y después también la busque en tus besos dulces.
Quería tenerte de mi mano, en silencio, sin imaginar nada más. Soñé con cenas que no se dieron, y hasta con peleas.
Pensé en mi rutina, en como la cambiarías vos. En darte besos improvistos, darme cuenta un día que eran lo más hermoso que tenía.
Te imaginé escribiendo un cuento, uno que hablara de mí. Y después un libro, y después la gloria.
Me pude ver llorando en tus brazos, no importa la razón (Cualquiera es buena para estar ahí)
Y después soñé con un atardecer sin lugar preciso. O sí, en el mejor lugar donde podía estar, en vos.
Y me fui tan lejos, y construí un camino que no caminé.
Ahora no hay más sueños. Todo lo que tengo es realidad, que manipulé a mi favor. Fui tan egoísta que no supe ver que tus sueños tenían otras formas.
Fui tan egoísta que no creo haberte dado la suficiente cuerda para que te quedes conmigo.
Soy tan egoísta, que te daría la realidad, que es mi único tesoro, para que vos sigas soñando.
Esta soñadora le duelen las desilusiones. Pero le duelen, porque primero las inventó. Le duelen, porque soñar no significa ser feliz. Porque el tiempo no te lleva siempre a donde queres estar.
Le duelen porque lo que duele siempre es soñar con imposibles.

viernes, 16 de octubre de 2009

La difícil tarea de subir.


Se me ocurre que todo esto es una escalera. No sé a donde me lleva pero hay que subirla, porque sino nunca lo voy a descubrir.
Sucede que cada peldaño se torna más vulnerable a mí, y no parece tener sustento. Visto desde afuera, debo ser yo inestable.
A mi, que estoy dentro mío y no puedo salir, me parece sentir desvanecerse el borde del escalón debajo de la planta de mis pies. No sé si alguna vez alguien se sintió así.
Entonces, cuando todo me sale mal, como ahora, y las escaleras parecen hundirse yo me dejo caer. ¿Qué más puedo hacer?
Nunca llegué más lejos que tres escalones. La retórica aprensión al suelo, liso, sin ángulos.
Lo intenté, claro. Lo sigo intentando. Y no es que tenga ganas, porque una después tantos fracasos se siente así: una fracasada. Una incoherente matemática que no comprende que primero va un pie y después otro (Nunca los dos juntos).
Y es que Julio me lo había explicado tiempo atrás. Y en ese entonces me resultaba sencillo escalar y escalar.
Idealicé tanto lo que había allá arriba, que ahora creo que llegar me va a desilusionar. Sin embargo quiero encontrar otra vez la llanura en ese otro nivel, uno más arriba.
Ya no tengo fuerzas, porque soy una estúpida. Una estúpida que siempre se va a quedar en la planta baja, mirando como todo se cae, como ella no pudo construirlo.
Tenía las instrucciones y no me sirvieron de nada. “Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas” me había dicho Julio, que pobre, quiso que yo subiera las escaleras como él y nunca pudo. Porque nadie lo hace como él.
Claro, y a mi se me da por subir como se me canta. Porque mi meta es llegar. Y es que siempre tuve la meta de llegar a no sé donde. Ir, por ir, sin plantearme que quiero, como lo que quiero.
Ahora ya no puedo parar. No porque tenga ganas de volver a intentar subir las escaleras, ya lo dije, sino más bien por lo que comenta la gente [Para que vean que no soy tan madura como me esteriotipan] Mirá si después andan diciendo que no sé subir las escaleras.
Eso no sería nada, mirá si se enteraran que tengo pánico a caerme de nuevo, pero que quizás en cierto punto me guste. De otra forma no volvería a subirla.
Y subir las escaleras se compara con tantas otras cosas significativas. Sí, soy un fracaso. Un fracaso que va a intentar fracasar de nuevo, porque no tiene otra opción. La cosa de lástima que lastima.
Y vos vas a estar ahí, mirándome como yo vuelvo a caer, quizás en vos, quizás en la nada, quizás en el gélido suelo que congeló lo que alguna vez fui.

lunes, 12 de octubre de 2009

Bienvenido.

Se me ocurre que vas a llegar distinto
no exactamente más lindo
ni más fuerte
ni más docil
ni más cauto
tan solo que vas a llegar distinto
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero

después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco

yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que ella nostalgie

tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros

no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinto y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza

sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.



Mario Benedetti

domingo, 11 de octubre de 2009

Preludio de olvido.

Ayer estuve con otro hombre. Otro hombre sí, pero tenía tus besos incrustados en mis labios.
Los garabatos que dibujó en mi espalda con sus dedos no alcanzaron para borrar los que vos hiciste en mi alma. Siguen ahí los muy desgraciados. Siguen ahí porque les gusta, porque se regocijan cada vez que yo me torturo recordándolos.
Vencí a la soledad de no tenerte despertando en los brazos de otro que no eras vos, pero tenía tu nombre. Quiero decir que también te gané a vos, a la fidelidad de no respirarte en mi casa que está llena de tu aire.
Más bien, me dejé ganar. Me dejé ser feliz aunque sea por los segundos que tardó mi cuerpo en terminar arriba del de él.
Vencí a la canonicidad de encontrarte en mis huellas dactilares que, aunque no quiera, te buscan.
Pero ayer comprendí que hay otra cosa. Que amor no es esperar que llegues. No es caminar al precipicio. Porque ya me morí tantas veces cayendo al vacío de tu ausencia que no creo que me pueda matar del todo.
Y sus ojos me parecieron distantes. No de mí, porque fueron ellos los que me recorrieron como nunca nadie lo había hecho. Fueron distantes de los que quise que fueran. Y sin embargo, me enloquecieron. Como su boca mojando cada centímetro de mi cuerpo.
¿Cómo será tu respiración en la mía? ¿Cómo serán tus caricias cuando llega la mañana y todo pasó, y queda fumarte un cigarrillo y despertarte con un beso?
Y a él lo ví dormido. Tan ingenuo, tan entregado. Y yo que pensaba en como serías vos, en la misma cama. Y lo abracé, porque al fin y al cabo, yo también estoy en la misma posición que él. También sé que se siente cuando te besan sin amarte. Y hasta quizás no le interesó. Pero a mi sí, a mi me molestaba no quererlo, me molestaba quererte.
Pero mi mano se rindió en las suyas cuando la busco para juguetear. Entonces recorrió mi palma con sus dedos, y yo supe que siempre se tiene que volver a empezar.
Y vos sabes cuanto miedo me dan los comienzos, pero tenía que empezar. Porque la vida es como un círculo dibujado en un papel. Siempre vuelve a empezar, siempre termina.
Y después otra vez besos apasionados, y sus dos manos contorneándome. Y hasta es más gentil que vos, hasta me dejo quererlo sin querer.
Que sé yo. Ayer te dominé. Te anude en la esquina del balcón, allá afuera, mientras llovía. Y adentro también llovía. Quizás no te vencí, quizás fue eso. Te dejé afuera por una noche. Una noche en que entendí que no te tengo, pero que puedo intentar encontrar en otros brazos eso que en vos buscaba. Una noche en que me dí cuenta, que un clavo no saca otro clavo.
Y es que él sí confía en mí, y tuvo ganas de besarme, y me besó. Y yo lo bese, con los ojos cerrados y con tu poesía en mi piel. Pero lo besé, como si no existieras.
Y en definitiva es eso. Voy a tener que acostumbrarme a agarrar la mano de él y que me lleve a donde quiera. Quizás en el final del camino, esta vez, no encuentre un abismo.

sábado, 10 de octubre de 2009

Escribir.






















"Pero la convención y la canonicidad son fuentes prodigiosas de aburriemiento. Y el aburrimiento, como la 'necesidad' en el proverbio, también es padre de la invención. Algunos llegan a afirmar que es el esfuerzo por superar el aburrimiento lo que crea el 'impulso literario', que la función del propio lenjuage literario es hacer que lo demasiado familiar resulte extraño de nuevo"
Jerome Bruner.