
Se me ocurre que todo esto es una escalera. No sé a donde me lleva pero hay que subirla, porque sino nunca lo voy a descubrir.
Sucede que cada peldaño se torna más vulnerable a mí, y no parece tener sustento. Visto desde afuera, debo ser yo inestable.
A mi, que estoy dentro mío y no puedo salir, me parece sentir desvanecerse el borde del escalón debajo de la planta de mis pies. No sé si alguna vez alguien se sintió así.
Entonces, cuando todo me sale mal, como ahora, y las escaleras parecen hundirse yo me dejo caer. ¿Qué más puedo hacer?
Nunca llegué más lejos que tres escalones. La retórica aprensión al suelo, liso, sin ángulos.
Lo intenté, claro. Lo sigo intentando. Y no es que tenga ganas, porque una después tantos fracasos se siente así: una fracasada. Una incoherente matemática que no comprende que primero va un pie y después otro (Nunca los dos juntos).
Y es que Julio me lo había explicado tiempo atrás. Y en ese entonces me resultaba sencillo escalar y escalar.
Idealicé tanto lo que había allá arriba, que ahora creo que llegar me va a desilusionar. Sin embargo quiero encontrar otra vez la llanura en ese otro nivel, uno más arriba.
Ya no tengo fuerzas, porque soy una estúpida. Una estúpida que siempre se va a quedar en la planta baja, mirando como todo se cae, como ella no pudo construirlo.
Tenía las instrucciones y no me sirvieron de nada. “Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas” me había dicho Julio, que pobre, quiso que yo subiera las escaleras como él y nunca pudo. Porque nadie lo hace como él.
Claro, y a mi se me da por subir como se me canta. Porque mi meta es llegar. Y es que siempre tuve la meta de llegar a no sé donde. Ir, por ir, sin plantearme que quiero, como lo que quiero.
Ahora ya no puedo parar. No porque tenga ganas de volver a intentar subir las escaleras, ya lo dije, sino más bien por lo que comenta la gente [Para que vean que no soy tan madura como me esteriotipan] Mirá si después andan diciendo que no sé subir las escaleras.
Eso no sería nada, mirá si se enteraran que tengo pánico a caerme de nuevo, pero que quizás en cierto punto me guste. De otra forma no volvería a subirla.
Y subir las escaleras se compara con tantas otras cosas significativas. Sí, soy un fracaso. Un fracaso que va a intentar fracasar de nuevo, porque no tiene otra opción. La cosa de lástima que lastima.
Y vos vas a estar ahí, mirándome como yo vuelvo a caer, quizás en vos, quizás en la nada, quizás en el gélido suelo que congeló lo que alguna vez fui.
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