viernes, 13 de noviembre de 2009

En el fondo de la garganta (Y del corazón)

Inspeccionó en su garganta. Había tantas palabras que parecía un tsunami.
Y probablemente sí, porque después de él nada era estable en ella. Él era su desequilibrio, su huracán, su terremoto.
Quiso decirle que lo quería, de cualquier forma, incluso así, en los brazos de otra, con el corazón regalado a la primera que no le pidió nada.
Tuvo ganas de contarle que miles de veces lo extrañó, lo perdió, lo besó, aunque no tuviera lógica. Aunque él siguiera ahí, a centenares de siglos de distancia.
Quería decirle que no esperaba nada de él, pero a él sí. Y que lo esperaría lo que durara la carne, hasta que el alma se resignará (Pero dudaba que lo hiciera)
Que su ADN completaba las células que lo reclamaban con los ojos abiertos- bien abiertos- y llenos de esperanza.
Que sus sueños no se derrumbaban, incluso después de tantas desilusiones.
Le intentó jurar que él era su mayor tormenta, y también era él quien las calmaba.
Y tuvo tantas cosas para decirle, que no hubo momento oportuno (Porque todos lo eran)
Que no había tiempo, ni razón. Que todas las causas eran justas y que el destino podía irse a fumarse un cigarrillo en la china, que a ella no le importaba, porque podía construir su propio destino. Podía traer el cielo o irse a algún lugar sobre el arco iris, podía hacer de su vida un paraíso para ambos.
Pero entre tantas palabras no hubo una que le quedara justo, que lo convenciera a él que, pese a lo que pensaba, ella lo podía hacer feliz.
¿De qué servia convencerlo? ¿Había algún motivo suficiente para demostrarle que todo esto era amor?
No pensó más, porque si las hubiera, si realmente serviría de algo seguir escribiendo con su pulso un cuento de hadas, él probablemente ya debería saberlo.
Y en su garganta había tantas palabras revueltas que parecía un tsunami.
Y entre tantas no encontró ninguna que pudiera llenar lo que ella quería decir
No había más que su cuerpo, delante del de él, temblando de miedo, de desesperación, de amor.
-“Quedate conmigo”- le dijo al final-
Y ella, que ya se lo había dicho tantas otras veces y de tantas otras formas, encontró lo que buscaba.
Quedate conmigo, hasta que pueda encontrar la forma de decirte que te quiero más de lo que todos suponen.

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