viernes, 20 de noviembre de 2009

Las apariencias...

Y nada parece real (Quizás no lo sea)
Ni las flores de plástico, ni el sabor de ese azúcar que llaman edulcorante, ni el color del pelo. Ni la luz de la luna, porque la tapan los faroles de una calle llena de mentiras, como esa mujer esperando en la esquina que aparenta ser decente para conseguir marido, o la joven que tiene a su lado, que busca parecer fácil para conseguir un novio.
Ni el vuelo de los globos llenos de helio, ni el sonido de la naturaleza en las películas.
Hasta las peleas parecen mentiras, los políticos. La comida congelada, esta forma de escribir tan impropia, con la letra de una maquina que suena a trucha, a copia mal lograda de una mente.
Las prótesis son falacias, el jarabe con en el que se hacen las gaseosas, el jabón en polvo, papá Noel, el ratón Pérez y todas las demás historias.
Los cd, que vinieron a sustituir la satisfacción de ver a la gente cantar en vivo.
No parecen muy creíbles los millonarios, ahora que cualquiera muestra en la tele todo lo que se consigue con plata. Ni las olas, porque hay lugares donde se inventan.
Tampoco la información que viene de Internet. Ni las cartas porque ya no existen, ni la luz de las velas porque ya no alumbran. Ni el fuego, porque está en cualquier lado que prendamos un fósforo.
Ni las cuentas mentales, ni la leche que viene en cartón, ni los panes que están sellados al vacío. Tampoco la energía que todos la llaman pilas- o batería- ni los limpiadores multiuso, ni los repelentes.
No puedo creer en lo que no parece real, como el tatuaje que yo también llevo y que no sé siquiera que será eso que está en mi piel y que no se borra.
Ni la realidad que vemos en una pantalla, que hasta tiene color. Ni el prestigio de los poetas y de los grandes sabios, porque ahora todo se sabe.
No parece cierto la privacidad, ni tampoco los candados. El tejido de la ropa que usamos, el spray, los insecticidas. Incluso hay robots, que nos vienen a suplantar a nosotros. Transfusiones que dan vida al que ya no tenía ni esperanza.
Ni el dolor parece real, ni los fármacos que lo amortiguan. Ni la pintura de las uñas, ni los trampolines.
Y yo no sé porque será que elegimos vivir en un mundo tan inventado. Creo que todavía entiendo menos porque nos quejamos. Si fuimos nosotros los que quisimos hacernos los eruditos, armando un mundo de fantasía.
Será porque nos gusta vivir de sueños. Sin ellos tampoco existirían las historias de amor, los bombones, las cámaras de fotos que perpetúan el recuerdo, las acuarelas con las que los chicos nos pintan la vida, el perfume de alguien que no queremos que se evapore.
Necesitamos vivir de ilusiones, necesitamos seguir poniendo ladrillos a nuestro castillo de humo.
Y lo digo yo, que preciso de todas esas mentiras para decir que esto es mío, que elijo vivir en el mundo que construyeron, que apuesto a seguir creando.
Que escribo historias, que les robo la música a los autores sin que se enteren, que compro papel celofán de muchos colores, y viajo en colectivo.
Y lo digo yo, que necesito de tus palabras aunque sean tan poco reales. Que me construyo tus besos, sabiendo que después los voy a aniquilar con mis realidades. Que sueño con vos, aunque te haya inventado.

1 comentario:

  1. NO SE COMPARA A LA BOSTA QUE ESCRIBÍ YO! MIL VECES GUAU!

    Sin duda tu mejor escrito! Hay un autor budista llamado Alan Watt que explica -a grandes rasgos- que "El verdadero Bodhisattva no deja ningún tipo de huellas, ni de ser religioso, ni de no serlo"

    Los verdaderos maestros budistas generalmente no son los que viven de monjes, haciendo alarde de sus sotanas y sus cuencos mendigantes. No son esos que caen en el ascetismo absoluto, y se vanaglorian de ello. A los realmente sabios uno pasa por al lado y no se da cuenta, hasta que habla con ellos. Es más, quizás los verdaderamente sabios ni siquiera sepan que se encuentran en ese estado, porque no le es importante. Están a otro nivel. Miran hacia otro sentido, hacia otro lado que las personas como yo, con los ojos llenos de ego no llegamos a ver.

    Sin duda, este escrito te convierte en mi bodhisattva!

    Seguí así luuuu... iluminando mi camino con tus palabras.

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