lunes, 30 de noviembre de 2009

Soñar no cuesta nada.

Fue impresionante cuando me di cuenta. Antes pedía más deseos, pero ahora no sé si será porque ya no me quedan tantos o porque aprendí a valorarlos. Aunque puede que sean ambas.
Tenía veintiún años. Te imaginarás que a esa edad uno es más propenso a ilusionarse, pero también a sufrir las decepciones. En esa época tenía más cosas que pedir, ahora solamente cierro los ojos y repito alguna frase como “Quiero un chocolate” y después aparece. (Ya no pido grandes cosas)
¿Vos que pedirías? No es fácil a veces, hay que estar segura de una mima.
Además ahora, que estoy un poco más vieja controlo mis ansias y puedo esperar desde que pido el Somnus, hasta que se cumple. De más joven era terrible. Era sufrir y comerme las uñas y brotarme de pies a cabeza.
Muchos Somnus no resultaron como quería, pero así son los Somnus. Como la vida. Si algunos no vinieran fallados de fábrica no se podría seguir pidiendo cosas. Como la vez que pedí ser rica. ¿Te imaginas que hubiese sido si se hubiese cumplido de verdad, yo con plata? Bueno, no resultó así. No es muy lindo pasar la lengua por el antebrazo y que sepa bien. Tengo miedo que mi perro se coma una parte de mi cuando duermo, pero al menos huelo a vainilla naturalmente.
Son muy pocos los Somnus que no se cumplen al pie de la letra o que se mal interpretan, pero que los hay, los hay, y hay que ser precavido.
Es fácil, es concentraste y pedir. No hay reglas, pero no creo que sirva de algo tener alguna cosa.
¿Vos que sueño tenés? Porque la mayoría quiere plata. ¡Y viste como me fue a mí! Después de eso, me quedó un sabor tan amargo (Valga la ironía) que nunca más pedí algo así. A lo sumo pediré trabajar viste. Moralmente tampoco me parece correcto, pero como acá “el que no llora, no mama”. Cada uno con sus Somnus.
¿Y el amor? Bueno, pasa algo parecido. Creo que una va aprendiendo que lo que no tiene no lo va a tener nunca, no por maldad, pero así son las cosas che.
Además uno siempre termina pidiendo que se cumpla el deseo del otro, porque cuando se está enamorada es lo que uno quiere.
Las cosas fáciles aburren. Después no tenes historias para contar. Es siempre lo mismo, la monotonía del sí.
Mirá, yo una vez pedí un Somnus, y al otro día amanecí con Mateo. ¿Te acordás de Mateo? Buen chico ese, pero lo primero que me dijo cuando se levanto fue: -“¿te haces unos mates negrita”- y perdió el encanto. Además me decía todo que sí.
Que sí te amo, que si pasamos las fiestas de tus viejos, que si me pongo este disfraz de pato para salir a la calle, que si terminamos la relación si eso es lo que queres, que sí salí con Esteban, y que sí, que sí, que sí.
Al final, tantos sí parecen decir no. No le importaba nada. Entonces entendí que el amor es un Somnus de a dos, un deseo mutuo.
No me dijiste, ¿Con que soñabas?
Pero bueno, no viene al caso. Yo te iba a contar porque te lo cuento a vos, y porque no se lo conté a nadie nunca.
Ya estoy vieja y todo lo que deseo es un poco de paz, chocolate y el programa ese de los domingos. No sé cuanto más voy a vivir, y ¡no me digas que pida un Somnus de vida eterna porque entonces no entendiste nada!
Al principio no lo contaba por miedo. ¿Qué iba a decir la gente de mí? Que estoy loca. Pero ahora, con el tiempo pienso que todos tienen la capacidad de volver sus Somnus realidad. Todo el mundo puede pedir deseos y que se le cumplan. Y si es así, ¡Andá a saber que motivos tienen los otros para no contarlos! Porque yo nunca me enteré de otros casos.
Quizás tengan el mismo que el mío: cada uno tiene que describir por sí solos que los Somnus existen.
También habrá sido un poquito de egoísmo, por eso ahora te lo cuento a vos. Ahora que lo sabés, estoy más tranquila.
Ya lo sabía de antes, pero ahora estoy segura que los Somnus no se van a morir conmigo.
Al final no me respondiste ¿Vos con que soñás?

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