martes, 8 de diciembre de 2009

FIN (de año)

Y hoy otra vez armar todo. Quizás armarme un poco yo también, recuperar las piezas de mí que regalé a otros, abrir los ojos con la cara al sol para ver las que todavía no encontré.
Ochenta cuentos atrás descubría que existo porque escribo. Hoy descubro mucho más. Ahora sé que soy lo que escribo, los cuentos que hablan de amor.
No porque yo viva en uno, sino simplemente porque de eso hablan mis cuentos. Porque será mi sueño, lo que quiero transmitir, porque soy así.
Y esa es la magia que está en mí: amar con palabras.
Si supieras que todo esto es por vos, que más de todo esto que te inventé, más que las lunas de historias que dibujé con mis manos, no te puedo dar.
Porque no puedo elegir por vos, no puedo siquiera darte pistas cual es el camino. No porque tenga ganas, sino porque no me lo merezco.
No quiero ser la elección que yo misma hago de mí, no quiero que afirmen lo que no va a ser.
Se supone que esta es la etapa en donde empieza todo de nuevo: un nuevo año, un nuevo camino, nuevas materias, nuevas desilusiones. Se supone que es ahora en donde la esquizofrenia navideña viene a demostrarme que papá Noel si existe, a jurarme que los sueños se cumplen porque todo es mágico. Se supone que es acá donde la película acaba, y una se queda con el amor de su vida. Se supone.
Lo que venga será genial para mi. Porque hoy, que armé el arbolito con la convicción de que todo será perfecto, pedí ser feliz. Porque entendí que para ser feliz tengo que dejar de vivir con incertidumbres.

Todo estos cuentos son las incertidumbres que me agobian y que no quiero descubrir porque seguro confirman que para vos todo está claro. Hace casi un año que lo armé, un año después vengo a cerrarlo.